El precio medio de las entradas se ha incrementado un 27’9 % en los últimos años. CityDeal apuesta por lanzar ofertas de 1 euro por entrada.
Hace un par de días, en uno de los más de diez eventos diarios que recibo vía Tuenti, encontré, por fin, algo útil: la posibilidad de conseguir una entrada de cine a un precio pírrico.
Inmediatamente, fui seducida por un:
“¡Tu entrada de cine a 1 euro en lugar de a 7,50!”,
¿1 euro? Tenía que tener truco… Decidida a dar con él, realicé los pasos necesarios para conseguir ese chollo. Después de darme de alta como nuevo usuario y de pagar online mediante Pay-Pal, recibí el jugoso cheque de descuento en la bandeja de entrada de mi correo electrónico. Lo imprimí y me fui directa al cine de Fuencarral, para el que había solicitado la reducción de precio. En la taquilla todo salió bien, incluso llegué a sentirme mal al ver a familias pagando 18 euros por ir a ver la misma película que a mí me iba a costar un desdichado euro. Seguía incrédula, pero una vez sentada en la butaca me di cuenta de que a veces, muy remotamente, los consumidores salimos beneficiados gracias a este tipo de ofertas low cost.
Al igual que las noticias malas vuelan, las buenas ya están comenzando a despegar. El boca a boca, no se ha hecho esperar; por lo que no es de extrañar que en muy poco tiempo, City Deal se haya convertido en una de las páginas web más populares entre los usuarios de las redes sociales. Con eslóganes tan cautivadores como el anterior, esta empresa ha conseguido hacer prosperar su negocio basado en “informar y ofrecer en exclusiva descuentos en tu ciudad en distintas actividades y establecimientos” de manera rápida y efectiva.
A la vez que me muestro profundamente agradecida por este tipo de gestos que evitan -aunque sea de manera puntual- que para las familias no se convierta en un lujo ir un fin de semana a ver una película, también quiero mostrar mi más profunda indignación ante lo que cuesta hoy en día acudir al cine.
El incremento que en los últimos años ha sufrido el precio de las entradas es desmedido en comparación con el de los salarios base de los trabajadores. Quizá algunos datos ilustren mi impotencia. En España, la media de una entrada en fin de semana varía en un 170% de unas comunidades a otras, lo que ya ha sido denunciado por FACUA.: oscila entre los 3,00 euros de Teruel y los 7,26 de Barcelona; siendo la media provincial es de 6,13 euros. En concreto, la capital madrileña es la vigésimo primera ciudad más cara del mundo en lo que atañe a este aspecto, ránking encabezado por Tokyo, cuya suma asciende hasta los 14’33 euros.
Sin embargo, para los cines son tan o más importantes las ganancias que obtienen de la venta de palomitas, otros alimentos y bebidas, que las recaudadas a través de la proyección de las propias películas. En muchas ocasiones, un menú de palomitas y refresco puede superar el precio de la propia entrada. ¿Es esto normal?
Un estudio realizado por la Universidad de California e investigadores de Standford llamado Why Does Popcorn Cost So Much at the Movies? (¿Por qué las palomitas cuestan tanto en el cine?) revela que, aunque los ingresos por vender este tipo de alimento suponga tan sólo el 20% de los totales del cine, estos suponen un 40% de sus beneficios, ya que los ingresos obtenidos de la proyección de la película se tienen que repartir con la distribuidora.
¿Por qué la cultura y, más en concreto, el séptimo arte se está restringiendo cada vez más a la clase media-alta? ¿Por qué no se hace asequible para los estudiantes ir semanalmente al cine?
En vez de fomentar el uso de las “butacas VIP” (que son ligeramente más cómodas pero, al fin y al cabo, siguen sin aislar de los molestos comentaristas cinematográficos), se debería impulsar el nacimiento de nuevos formatos (caso del exitoso 3D) como una manera de atraer a (nuevos) espectadores a un recinto que, cada vez, está más restringido a las élites económicas.