Recientemente, leí una noticia que me dejo anonadada: el 86% de los españoles reconoce no hacer ningún tipo de actividad física diaria. ¡Dios mío! ¿Qué haría yo sin dar unos raquetazos, sin lanzar unos tiros a canasta, sin salir a correr por algún parque, o simplemente sin andar media hora por las calles más céntricas de Madrid? No me lo imagino.
Hablando en primera persona, en un primer momento pensé que mi Semana Santa se me iba a hacer incluso larga. Bien es verdad que muchos jóvenes suelen estar como locos por tener un par de días libres en los que poder salir de fiesta y emborracharse con los amigos. Lógico y normal, ¿cuántas veces podré haber oído el famoso “¡Ay! Si yo tuviera tu edad…”.
¿Y qué tiene que ver esto con lo anterior? Os preguntaréis. Pues bien, ahí va la conexión.
Mi semana y media de vacaciones, lejos de ser tal y como la imaginaba, ha sido totalmente diferente. Nada de aburrimiento ni de monotonía. Quizá no he estado en la playa tomando el sol, ni tampoco he estado esquiando en una maravillosa pista de Baqueira Beret; pero me he quedado en casa disfrutando de la compañía familiar y con mi mayor aliada, la televisión. Sí, ese medio de comunicación frente al que pasamos de media unas dos horas diarias… Pues bien, gracias a ella he aprendido que mi mejor amigo es el deporte.
Han sido muy numerosas las competiciones que se han retransmitido estos días: desde fútbol (Liga, Champions, Copa de Europa…); baloncesto (Liga, FinalFour) hasta patinaje sobre hielo, F1 o tenis (Indian Wells). ¡Qué variedad! ¡Qué gozada! Fuera la hora que fuese, algún deporte estaba en antena. Además, con la TDT, ¡muchos más canales para elegir programación! Estaba en la gloria.
¿No es verdad que cada deporte tiene algo especial? Simplemente la emoción de un tie-break, la tensión frente a una jugada al borde del área, la incertidumbre de los últimos minutos de un partido de basket, los segundos que dura un triple axel…
Para los amantes de todos estos breves instantes, entre los que, si todavía no ha quedado claro, me incluyo, la sangre se nos convierte en adrenalina y la emoción pasa a ser nuestro sentido común. De hecho, tal es la influencia del deporte en los aficionados que numerosos estudios avalan la teoría de que dependiendo de si el equipo favorito de los mismos sale victorioso o no, su humor varía. ¿Será bueno entonces ir a Barcelona a buscar nuevas oportunidades de negocio?
En mi caso, mi afición y pasión llega a los extremos de grabar competiciones para poder revisarlas después o de pasar madrugadas viendo una y otra vez cómo una pelotita cruza la red una y otra vez durante horas. Desde aquí animo a todos aquellos sedentarios a que prueben a dedicar 10 minutos diarios a tomar el aire por sus urbanizaciones, a nadar dos veces en semana o a ir con sus hijos a jugar un poco al fútbol y que después me digan, ¿no ves las cosas desde otro punto de vista?
